Cada mundo que inventamos es un espejo secreto del nuestro.


-Por María Naile.
Sebastián Fazio es un escritor argentino de fantasía épica adulta y creador del universo narrativo Edrenor, un proyecto concebido desde su origen como una saga de cinco novelas. Su obra se caracteriza por la construcción de mundos complejos, con reglas claras, conflictos humanos reconocibles y sistemas de poder que no funcionan como soluciones fáciles, sino como fuerzas que siempre implican un costo.
Antes del fuego es la novela que abre la saga y el punto de entrada a Edrenor, un mundo atravesado por pactos frágiles entre humanos y los Malekik, una raza longeva vinculada a una energía viva conocida como Kräm. En este primer libro, Fazio prioriza la construcción de mundo, el desarrollo de personajes y una narrativa de ritmo cinematográfico, donde la épica convive con el drama político y las decisiones tienen consecuencias reales. El segundo libro, Piedra y cenizas, ya finalizado, profundiza estas tensiones y se adentra en un terreno más oscuro, político e ideológico.
El proyecto narrativo se desarrolla bajo una planificación a largo plazo: los dos primeros libros se encuentran concluidos y el tercero, titulado La forma del vacío, está en su etapa final de escritura. Además de las novelas, el universo de Edrenor incluye material complementario de worldbuilding —glosarios, compendios y textos canónicos— concebidos para sostener la coherencia interna del mundo a lo largo de toda la saga.
La propuesta de Fazio busca ofrecer una fantasía épica contemporánea dirigida a lectores adultos, donde la consistencia del mundo, el peso de las decisiones y la construcción progresiva del universo narrativo son pilares centrales. Edrenor se despliega libro a libro como un proyecto literario amplio, pensado para explorar tanto la aventura épica como las tensiones políticas, filosóficas y humanas que atraviesan a sus personajes.
-Palabras del autor.
Todo escritor empieza siendo lector.
Antes de imaginar ciudades, personajes o mundos completos, hubo libros que abrieron las primeras puertas. En mi caso, esas puertas llegaron a través de la fantasía épica y la ciencia ficción. Fueron esos géneros los que me hicieron entender que la imaginación podía construir universos tan vastos, complejos y vivos como cualquier historia del mundo real.
Si tuviera que señalar las influencias más profundas de mi imaginario, inevitablemente tengo que empezar por J. R. R. Tolkien. Entrar por primera vez en la Tierra Media cambia algo en la forma en que uno entiende la fantasía. Deja de ser solo una aventura para convertirse en historia, en memoria, en mitología.
Hay frases de Tolkien que siguen resonando conmigo hasta hoy.
“No todos los que vagan están perdidos.”
— J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos
Y también esta, que creo que resume algo esencial de las grandes historias:
“Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.”
— J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos
Con los años fui descubriendo otros autores que ampliaron ese horizonte. Uno de los que más me marcó en la fantasía contemporánea es Brandon Sanderson, especialmente a través del universo del Cosmere. Libros como El camino de los reyes, Juramentada o la saga de Nacidos de la bruma muestran algo que me fascina: cómo se puede construir una épica enorme sin perder coherencia interna, con sistemas de magia claros y personajes que evolucionan de verdad.
Hay una frase de El camino de los reyes que siempre me acompañó:
“Vida antes que muerte.
Fuerza antes que debilidad.
Viaje antes que destino.”
— Brandon Sanderson, El camino de los reyes
También ocupa un lugar muy especial Patrick Rothfuss, cuya forma de escribir tiene algo distinto, más íntimo, más poético. En Crónica del asesino de reyes hay una sensibilidad por el lenguaje y el ritmo de la historia que me impactó mucho.
“Las palabras son pálidas sombras de los nombres olvidados.”
— Patrick Rothfuss, El nombre del viento
Entre los autores contemporáneos que más admiro también está George R. R. Martin, que llevó la fantasía hacia territorios más políticos, más complejos y profundamente humanos. Su obra demuestra que la fantasía épica también puede explorar el poder, la historia y la moral con una intensidad extraordinaria.
“La mente necesita libros como una espada necesita una piedra de afilar.”
— George R. R. Martin, Juego de tronos
Y hay una frase suya que siempre me pareció una definición perfecta de lo que significa leer:
“Un lector vive mil vidas antes de morir. El que no lee, vive solo una.”
— George R. R. Martin, Danza de dragones
Pero las influencias no vienen solo de los libros. También hay muchos autores que ampliaron mi mirada sobre el género: Joe Abercrombie, C. S. Lewis, Robin Hobb, Ursula K. Le Guin, Steven Erikson, entre otros.
Y, por supuesto, el cine y las series también formaron parte de ese imaginario. Las adaptaciones de El Señor de los Anillos, el universo visual y cosmológico de Avatar de James Cameron, o películas como Gladiador e Interestelar son ejemplos de cómo una historia puede alcanzar una escala épica sin perder humanidad.
Al mismo tiempo, siempre me atrajeron mucho los relatos postapocalípticos. Historias como The Walking Dead o Guerra Mundial Z, donde lo que realmente está en juego no es solo la supervivencia, sino lo que queda de la humanidad cuando todo lo demás desaparece.
Todas esas influencias —libros, películas, mundos imaginados— fueron formando lentamente el terreno sobre el cual terminaría naciendo Edrenor.
Porque, al final, todo escritor empieza de la misma manera.
Como lector.
Y algunas de las historias que encontramos en ese camino nunca nos abandonan.
De algún modo, siguen viviendo dentro de nosotros.
Y a veces, con el tiempo, terminan convirtiéndose en nuevos mundos.
Durante años, Sebastián Fazio recorrió mundos imaginarios a través de los libros de fantasía y ciencia ficción que marcaron su formación como lector. Las historias de Tolkien, Sanderson, Rothfuss o Martin no solo ofrecían aventuras épicas; demostraban que un mundo ficticio podía sentirse tan real y complejo como el nuestro si estaba construido con paciencia, coherencia y profundidad.
Pero en algún momento aparece una pregunta inevitable para quienes aman este tipo de historias:
¿y si uno pudiera construir su propio mundo?
Edrenor comenzó con una pregunta.
Mientras leía e investigaba ideas relacionadas con la física teórica —en particular algunos trabajos y divulgaciones vinculadas a Juan Maldacena y la naturaleza del universo— surgió una inquietud que terminaría convirtiéndose en el germen del proyecto.
¿Qué sucedería si el vacío pudiera crear un mundo?
Y aún más interesante:
¿qué sucedería si ese mundo, durante gran parte de su historia, nunca hubiera sido habitado por humanos?
Esa pregunta llevó a otra reflexión.
Gran parte de la historia humana está construida alrededor de la carencia. La civilización, en muchos sentidos, nace de las limitaciones. Falta alimento, se desarrolla la agricultura. Falta protección, se levantan ciudades. Falta conocimiento, se crean herramientas, ciencia, tecnología.
La historia humana podría resumirse, en cierto modo, en una frase sencilla:
“No tengo esto. Lo creo. Quiero aquello. Lo conquisto”
Pero ¿qué ocurriría si una civilización partiera de una pregunta completamente distinta?
¿Qué ocurriría si, en lugar de comenzar desde la falta, comenzara desde la abundancia?
Esa fue la idea que dio origen a los Malekik.
En lugar de preguntarse qué les falta, los Malekik parten de otra pregunta fundamental:
“Tengo esto. ¿Qué puedo hacer con ello?”
Su relación con el mundo no nace de la necesidad de conquistar o dominar, sino de comprender y aprovechar las fuerzas que ya existen. En Edrenor, esa fuerza toma forma a través del Kräm, una energía viva vinculada al pulso mismo del universo.
A partir de esa idea inicial comenzó a construirse el mundo.
La intención de Fazio no era solo escribir una historia de aventuras. Quería construir una fantasía épica, sí, pero también un mundo que tuviera sustento interno, reglas claras y consecuencias reales. Un universo donde las decisiones de los personajes importaran y donde los sistemas que sostienen el mundo —desde la política hasta las fuerzas que lo atraviesan— respondieran a una lógica coherente.
Esa búsqueda llevó a desarrollar lo que hoy forma parte del universo de Edrenor: su cosmología, sus razas, sus sistemas de energía, su historia antigua, sus conflictos políticos y culturales.
La ambición detrás del proyecto siempre fue la misma:
intentar que el mundo se sostenga por sí mismo.
En ese proceso aparece también una certeza inevitable. Ningún creador puede responder todas las preguntas de un universo imaginado. Siempre habrá zonas oscuras, misterios que permanecen abiertos, espacios que el lector completa con su propia imaginación.
Sin embargo, la intención siempre ha sido acercarse lo más posible a esa coherencia.
Ofrecer al lector suficientes piezas para que el mundo se sienta real.
Que las ciudades, las culturas, las decisiones y los conflictos parezcan formar parte de un universo que existía antes de que comenzara la historia.
De esa búsqueda nació Edrenor.
Un mundo que intenta sostener una épica grande, pero también compleja. Un mundo donde la fantasía no es solo espectáculo, sino también exploración: de las ideas, del poder, de las civilizaciones y de las decisiones que moldean el destino de quienes lo habitan.
Porque al final, todo mundo imaginado comienza de la misma manera.
Con una pregunta.
Y con alguien dispuesto a seguirla hasta donde sea necesario.